jueves, 20 de diciembre de 2012

Kuarahy y Jasy ,la historia del Sol y la Luna

 

Kuarahy y Jasy

La historia del Sol y la Luna

 


 

 A orillas del Río Paraná, en una tupida selva con frondosos arbustos  silvestres y altísimos árboles, penetraba la luz del sol que reflejaba en los ojos de Kuarahy, un nativo de esas tierras misioneras argentinas.
Él poseía muchas cualidades dando honor a su nombre (Kuarahy=Hijo del Sol) Una de esas cualidades era proteger el universo...
Cuidar todo lo que Dios había creado, castigando con su látigo de cuero, a todos aquellos que tuvieran la intención de destruir o dañar el lugar.
Su agilidad era asombrosa, tanto para trepar los gigantescos árboles, como para descender de ellos como un audaz  felino.
Era de noble corazón y su alma  tan pura como la cálida brisa de otoño.



Se escondía el sol en el horizonte, dejando uno de los más bellos crepúsculos que se pudieran observar.
Kuarahy no quitaba la vista de ese astro radiante, dejaba que su energía  se apodere de él. Era muy especial para él observar esa esfera amarilla luminosa, le traía muchos recuerdos...
Concentrado en ese momento, el aborigen notó que algo cambiaba en esa estrella, que el firmamento se enrojecía notablemente, presintió que algo pasaría esa noche.


Un color rojizo intenso en unos segundos se adueñó de la inmensidad del cielo. Anocheció con velocidad en aquel lugar. Se podía presentir los aullidos en esa solitaria selva. Salvajes animales se oían andar entre la vegetación. El indígena estaba hipnotizado por esa fogosidad que parecía un paraíso en llamas. 
El agua parecía hervir, un fuego salía de adentro del río lentamente formando un camino.
De repente, un suave canto angelical, envuelve el silencio de la noche cautivando al nativo dejándolo hechizado, con el eco que repercutía sensualmente en su cerebro.
Kuarahy no dudó salir en  búsqueda de  esa melodía que embrujaron sus sentidos. Sin dejar de estar atento a las hambrientas bestias del lugar, se adentró por el camino de la jungla con sigilo notando que el horizonte quedó invisible ante su asombrosa mirada.
Al valiente aborigen, no le faltaba coraje para enfrentarse al feroz tigre que lo enfrentaba; algo divisó entre los pastos altos; quitó su cuchillo, se agazapó entre los pastizales con su larga melena camuflándose en el paisaje, como un león asechando  su presa esperando el momento oportuno para su gran ataque. Notó al cabo de unos minutos que su mente divagaba.


Una figura angelical, como recién caída del cielo, sumergió entre las profundidades del agua.
 El contorno de una hermosa mujer desnuda, de mirada intensa como el café y brillante como la misma luna, logró vislumbrar en la lejanía. Atrapante y sensual, como lo era esa noche mágica, aparece una hermosa mujer ante los ojos de Kuarahy, dejándolo encandilado.
De a poco ella venía acercándose a la orilla, su figura se  dejaba percibir entre las  altas malezas y hojas de helechos, a través de una aureola  de luz dorada que  contorneaba  su silueta.
Kuarahy nunca jamás vio alguien tan hermoso. 





Sus miradas se dejaron seducir una a la otra. En el horizonte quedaron las rojizas y calientes aguas bajo ese eclipse solar, y él reconoció  una inolvidable sensación dentro de su cuerpo. Un sentimiento profundo apoderándose de su confusión. Ella  desmayó ante  su transparente y  soñada mirada.

Parecía que el encanto había comenzado, el eclipse estaba en su esplendor, su cuerpo claro  se  transformaba en una irresistible piel trigueña con el  cabello tan suave como la seda y largo como ese río que la vio nacer.
Luego de unos minutos de quedar inmóvil ante él, le susurró: —Aguije, Che réra Jasy.

Kuarahy se dio cuenta que hablaba su idioma, el guaraní. Estaba sorprendido y sin poder comprender qué es lo que estaba pasando esa noche de eclipse, mirando a la hermosa mujer que tenía en sus brazos, le respondió su nombre: —Che réra Kuarahy.
—Tú eres el hijo del sol y yo hija de la luna... Y esta noche de eclipse solar he venido a buscarte. Esperé una eternidad para tenerte de nuevo conmigo. No es casualidad que tú estés aquí, ahora, a mi lado.
Jasy se puso de pie, miró a Kuarahy y continuó: —Confía en mí, cierra los ojos y verás que soy a  quien has buscado toda tu vida. Déjate llevar por tu intuición
.
Él no dudó un segundo, cerró sus ojos y los dos se dejaron llevar por sus emociones y sentimientos. La noche era perfecta para unirse con pasión, la efusión del cielo bajaba como nubes espesas abrazando esos cuerpos, con calor. Sus pieles se convirtieron  en una, sus corazones como campanas agitadas repercutían en sus pechos. Entre susurros y suaves gemidos, supieron que esa fuerte pasión la habían sentido en una vida anterior. Sabían que se trataba del amor eterno, del verdadero. Se estuvieron esperando hasta que llegara el día de un nuevo eclipse. No quedaban dudas, eran ellos dos.
 —Mi amor vine a buscarte como te prometí y jamás nos volverán a separar —susurraba en su oído, Jasy, mientras sus labios se unieron en un efusivo beso.
Él sabía que su destino era junto a ella, era dueña de sus sueños cada noche y al fin descubrió su rostro. No dejaría repetir la historia como en aquel eclipse lunar, en esa otra vida donde el destino impidió su unión.                                        
Así fue, como la luna y el sol, se unieron gracias a ese eclipse  para siempre, a través de sus cuerpos. Habían sido separados una vez,  el alma de Jasy se había esfumado en el inmenso cielo junto al eclipse lunar; provocado por el chamán Oberá, quien combinó dogmas católicos con ritos religiosos indígenas, ya que creía en la reencarnación y transmigración del alma.


 Kuarahy  había quedado sólo en la tierra, esperando que su amada volviera por él.  Ahora, sus almas nos alumbran desde el infinito, para siempre.                         


Este cuento participó en  No me vengas con historias  gracias a la iniciativa de Acuática "Un cuento antes del fin del mundo"
  

8 comentarios:

  1. Una historia conmovedora y muy romántica, Karina. me gustó.
    (aunque no seguiste mis consejos de separar las comas, punto y comas, o puntos y dos puntos) quizás no me expliqué bien? mira te haré un texto y compara: José vive enamorado, ella, no lo sabe, pero, él, la ama. Los dos tienen veinte años; la juventud puede más que la sangre, pero, el amor; prevalecerá.

    compruébalo y verás que el texto queda más libre y suelto, además de más limpio.

    Un abrazo hermosota.

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  2. :) como siempre agradecida de tus consejitos frankk,muchas gracias! los practicaré jiji besotes y gracias por tu coment!!

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  3. Esto es como los mayas, ciclos de amor. Me has llevado a Adán y Eva en un continuo reiniciar. Muy romántico y fotos muy dulces. Encantado de pasar por aquí

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    1. Gracias por tu tiempo y leerlo :)
      Saluditos!

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  4. Tu historia destila romanticismo, ¿y qué mejor que el amor si se acaba el mundo?
    ¡Gracias por haber participado! :)

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    1. Gracias vos Acuática por la iniciativa,me encantó participar. Y sí! el amor ante todo! :) Me alegro que no se haya acabado el mundo ;) jiji

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  5. Muy bonita historia y muy bonito blog. Abrazos.

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    1. Muchas gracias Mágica!por pasar a leer y comentar :)
      Besos!

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